Cultivo de escarolas

La escarola es una de las muchas plantas que se utilizan para ensaladas. Su sabor es más amargo que la lechuga y su textura menos crujiente.
Existen dos variedades: la escarola rizada que se consume a finales del verano haciendo la siembra de la misma en Abril y Mayo; la de hoja ancha durante el otoño e invierno.
Pertenece a la familia de las compuestas. De esta familia también son miembros las achicorias, las lechugas, el diente de león, los cardos, la alcachofa… etc.
El nombre de compuestas deriva de su flor. A simple vista parece una flor sencilla pero en realidad son acúmulos de pequeñas florecillas.

Suelo y clima
Crecen prácticamente en cualquier suelo, lo ideal es un suelo moderadamente compacto, rico en humus y con un contenido regular en elementos nutritivos. Si el terreno es muy árido desarrolla unas raíces demasiado pequeñas; en cambio cuando el terreno presenta un exceso de abonado aparecen varios retoños, lo cual tampoco es deseable.
En definitiva, la escarola gusta de suelos profundos y húmedos, emplazamientos protegidos y bastante humedad. Si la cultivamos en terrenos secos ó la sometemos a estrés hídrico, grana rápidamente.
Prefieren un clima húmedo y fresco a uno seco y tórrido.

 

Siembra y multiplicación
El cultivo se puede llevar a cabo mediante siembra directa o en semillero. Nosotros siempre hacemos semillero y posteriormente hacemos el trasplante al bancal definitivo. El semillero se puede hacer al boleo en una parcela con el posterior aclarado, o recipientes con semillas individuales. Este sistema es más engorroso a la hora de hacer el semillero pero nos facilita el trasplante al bancal definitivo.
Si queremos obtener semillas, dejaremos algunas plantas hasta que maduren y desarrollen las inflorescencias. Procuraremos regarlas poco para forzar su florecimiento. Cuando la semilla está madura la recogemos, la dejamos secar y ya tenemos semillas para la siguiente temporada. El proceso es similar al de la lechuga.
Cuidados durante el crecimiento
La escarola no tolera el exceso de sol por lo que habrá que proporcionarles sombra en caso necesario. En los climas frescos esto no es necesario.
Es una planta que requiere muy pocos cuidados, tan solo mantener la tierra húmeda y escardada de las plantas competidoras hasta que legue el momento del blanqueo.
Blanqueo
Entre dos y tres semanas antes de la cosecha se procede al blanqueo de la misma, mediante este proceso que consigue eliminar el amargor de las hojas haciéndola mucho más agradable al paladar.
Existen varias técnicas de blanqueo. La primera de ellas consiste en arrimar tierra alrededor de la planta hasta semienterrarla con el fin de que se junten las hojas e impidan entrar la luz interrumpiéndose así el proceso de la clorofila. Este sistema tiene el inconveniente de que al cosecharla las hojas están manchadas de tierra.
Otro método empleado consiste en utilizar túneles de cristal o plástico blancos consiguiendo el efecto deseado.
Un tercer método, el que nosotros utilizamos, consiste en atar las hojas con gomas elásticas, con ello conseguimos blanquear el cogollo de la escarola sin demasiado esfuerzo y evitando los inconvenientes del método de la tierra.
En el caso de que nuestra plantación de escarolas se haya realizado en macetas, lo más sencillo es guardarlas en un lugar oscuro. Con eso conseguiremos que se blanqueen.

Cosecha
A los 90 días del trasplante la escarola ya blanqueada está lista para recoger. Si las guardamos en un lugar fresco, el frigorífico puede ser un buen lugar, dentro de una bolsa cerrada nos durará bastantes días. En algunos lugares, antes de las heladas más fuertes, se arrancan las escarolas con sus raíces y se guardan en un sótano o lugar fresco metidas en un semillero de arena húmeda. Con este método podemos conservarlas hasta un mes en perfecto estado.

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horticultura, huerto, vida sana

Cultivo de la Fresa

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La fresa pertenece a la familia de las rosáceas al igual que la mayoría de los frutales cultivados en climas templados. Es una gran familia que engloba a más de 500 especies de espinos y por supuesto a los rosales, los cuales dan nombre a la familia.
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Cultivo de espinacas

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Las espinacas que Popeye el marino se comía con tanta fruición, pertenecen a la familia de las quenopodiáceas, al igual que la remolacha o las acelgas. El origen de esta familia está en las orillas del mar, esto es lo que hace que sus hojas estén recubiertas de una capa de cutina destinada a limitar la transpiración debido a que el ambiente salino del medio ambiente tiende a extraer la humedad de las plantas mediante un proceso llamado osmosis.
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Los ciclos de la naturaleza

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Las plantas no podrían existir sin los animales y viceversa. Casi todas las especies de plantas superiores, es decir las que tienen flores, dependen de los animales para su polinización. Sin ellos no podrían existir; no podrían reproducirse. Por otra parte las plantas absorben el co2 que en exceso mataría a los animales y ellos inhalan oxígeno y expulsan anhídrido carbónico.
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El semillero de cebollas

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Las  cebollas, al igual que los puerros y los espárragos, son miembros de la familia de las liliáceas, es decir de la familia de los lirios.

Las plantas que nos proporcionan alimentos se pueden dividir en dos grandes clases; las monocotiledóneas y las dicotiledóneas. La mayoría de las hortalizas son dicotiledóneas, es decir, que cuando gemina la semilla brotan dos hojas, mientras que en las monocotiledóneas solo brota una hoja. Aunque la diferencia más importante entre ambas estriba en su modo de desarrollo; las dicotiledóneas crecen hacia afuera desde el borde de las hojas, mientras que las otras lo hacen desde la base de las mismas.

Los miembros de las liliáceas son monocotiledóneas, esto se ve fácilmente observando sus hojas, las cuales no presentan una red de nerviaciones como en las dicotiledóneas, sino que las tienen paralelas, recta cada una de ellas desde la base.

Esta forma tan particular de las hojas permite a las cebollas y los puerros almacenar los elementos nutritivos en los bulbos, los cuales no son más que un numeroso grupo de hojas basales comprimidas.

Las cebollas son plantas bianuales, durante el primer año acumulan alimentos que utilizaran en el segundo para florecer  y producir semillas. Gracias a esta característica nosotros podemos disfrutar de las cebollas en su primer año del ciclo y también podemos sembrarlas en su segundo año para obtener semillas.

A finales de invierno en el hemisferio norte, sembraremos las cebollas de semilla para recogerlas en el verano así poder continuar la especie. Para ello debemos elegir los mejores ejemplares, los más grandes, los más regulares, sanos…etc. con el fin de ir poco a poco mejorando la planta.

A principios de invierno, nosotros hacemos el semillero con la semilla recogida en el verano para que cuando llegue la primavera podamos trasplantarlas y conseguir una excelente cosecha  de cebollas.

Aunque si queréis saber cuándo es el momento de hacer los semilleros en vuestra zona lo mejor es preguntar a los hortelanos que tengáis alrededor. Es probable que no coincidan entre ellos pero, al menos os puede servir de orientación.

Podéis hacer los semilleros de diferentes maneras, hacerlo en bancal con siembra al voleo, como solemos hacer nosotros, o hacerlo en unidades individuales en recipientes adecuados para ello. En este segundo caso, aunque es mas lioso para hacer el semillero, es más sencillo cuando llega el momento del trasplante definitivo. A los cebollinos no les gustan las heladas, así que debéis protegerlo si en vuestra zona hiela. Lo mejor para evitar las heladas es tener un pequeño invernadero para los semilleros, en el caso de que no os sea posible procurad hacerlo en un sitio cálido y resguardado y si está orientado al sur (en el hemisferio norte) mucho mejor. En el hemisferio sur, al revés.

Animaos a hacer vuestro semillero de cebollas, veréis que es muy sencillo. Os dejo algunos  videos para que os sirvan de ayuda y que de este año no pase sin que hagáis vuestro propio semillero.



El huerto en invierno (Enero)

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Las personas que viven en la ciudad apenas se dan cuenta del cambio de las estaciones, pero cuando se posee un huerto todo cambia de dimensión. A partir de ese momento las estaciones adquieren una gran importancia; son ellas las que marcan el reloj biológico de la naturaleza. En cada una de ellas hay que realizar las tareas que van a permitirnos tener éxito en la cosecha, si se nos olvida una labor vital en una determinada época del año en algún otro momento futuro sentiremos las consecuencias.
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Bienvenidos a mi huerto

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Hace ya alguna decena de años, cuando yo era un niño, todos los campesinos tenían su propio huerto con el que se abastecían de verduras frescas durante todo el año. Al amanecer los gallos cantaban al sol y las gallinas ponían sabrosos huevos.  Casi todos los aldeanos criaban un cerdo, algunos pollos y conejos. Poseían al menos una vaca que les suministraba leche y fuerza motriz.
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